¡Inevitable futurismo!



Rumbo al 2024, el futurismo luce inevitable, no obstante, lo lejano todavía de los tiempos y los plazos tradicionales y legales para el proceso electoral de la sucesión presidencial. Y es que, aún cuando el titular del Ejecutivo no cumple su tercer año en el cargo, los destapes se dieron por parte de quién menos se esperaba, pero que, por el peso de su voz y autoridad, el tema se “oficializó” y ahora nos tiene a la expectativa, con mucha anticipación, en un juego de especulación y de conjeturas.


En contra de lo que pudiera pensarse, esto es, que la premura por mostrar y placear a un posible aspirante presidencial estaría del lado de la oposición, dado el contexto y las circunstancias que no les son muy favorables para su participación en la madre de todas las competencias electorales, en Palacio Nacional se decidió ganarles la partida a sus opositores, presentando sus fichas, al menos las que le convienen en este momento, apropiándose del tema para mantener el juego de la sucesión bajo su control y circunscrito a su entorno.


Para el gran destapador, resulta fundamental que la disputa por la sucesión se de entre los de casa, sobre los que ejerce total control, o casi, y que la competencia electoral no se contamine con una participación incómoda de opositores a la 4T. Recordemos que el requisito fundamental para estar en el equipo presidencial, no es la capacidad, la experiencia ni la preparación, sino la lealtad a ciegas, según el propio Primer Mandatario lo ha expresado: “les pedimos (a los funcionarios federales) lealtad a ciegas al proyecto de transformación”. De cualquier manera, en estos momentos la oposición “no se halla”, carece de estrategia, no tiene personajes que la encabecen, adolece de propuestas, su alianza no es a prueba de temblores, sus acuerdos son coyunturales y efímeros y no existe un plan a largo plazo. Qué mejores condiciones y oportunidad para regresar al modelo clásico de los mejores tiempos del PRI, en los que la sucesión presidencial se manejaba y se definía desde Los Pinos y el “elegido” se convertía en un indisputado vencedor.


Por lo pronto, tres personajes de Morena, de acuerdo con los nuevos tiempos y estilos, no ocultan su interés futurista y exponen su deseo de participar en la contienda para la candidatura presidencial. Algunos de manera más abierta que otros.


Claudia Sheinbaum, la jefa de Gobierno de la capital del país, por ejemplo, es la que con mayor discreción se refiere a este tema. De hecho, es difícil encontrar, si es que las hay, declaraciones públicas sobre su interés en participar como candidata a la presidencia del país. Evade el tema, alegando que su interés por el momento es la ciudad, “porque para eso fui electa…ya todo lo demás si viene, ya se verá en su momento”, ha declarado. Pero no necesita confesarlo, porque de los tres más mencionados, ella aparece con el manto protector de Palacio, que es desde donde la destaparon como aparente favorita.


Marcelo Ebrard, el secretario de Relaciones Exteriores, entre otros múltiples afanes que lo mantienen ocupado, más allá de sus funciones oficiales de la cancillería, que, supone, le suman puntos para lo que más le importa en su futuro, ha confirmado su participación “de acuerdo a las normas que se den por parte de Morena…”, ha reconocido. Y a pregunta expresa de su entrevistador, declararía no estar dispuesto a declinar, como lo hizo anteriormente en dos ocasiones (2006 y 2011), “porque las condiciones son totalmente distintas…” El secretario Ebrard, poco a poco, se refiere más al tema y concede más entrevistas. Se ha hecho pública la organización de una red de apoyo a su candidatura con miembros del PVEM, del PT y Movimiento Ciudadano. Quién sabe como se tomen estas licencias del canciller en Palacio Nacional.


Finalmente, el senador Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política y coordinador del Grupo Parlamentario de Morena en el Senado, es el tercero de los más mencionados en los medios, que no en Palacio Nacional. El senador es una pieza clave en el Congreso para el proyecto de transformación de la 4T, pues de su habilidad política dependen las reformas legales que se requieren para crear un nuevo marco jurídico que le de legalidad a los programas de gobierno y no queden atoradas para su aplicación por fallas jurídicas de origen.


En estos últimos meses ha surgido otro posible aspirante, aunque sin destape oficial. El nuevo secretario de Gobernación, Adán Augusto López, por el cargo que llegó a ocupar y las funciones que le han en encomendado, es inevitable que se le incluya entre las corcholatas a destapar. Por cierto, es tabasqueño y muy cercano al presidente López Obrador, circunstancias que bien podrían cambiarle su futuro.


Según algunas encuestas publicadas, de los personajes señalados el más conocido es el canciller Marcelo Ebrard, la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, es poco conocida a nivel nacional y el senador Ricardo Monreal, aparece como el menos favorecido. En el caso del secretario de Gobernación, todavía no hay registros; pero esto, apenas está comenzando.




Miguel Tirado Rasso

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