La rama navideña


REDACCIÓN ANCOP

Por Fernando Castro Borges

Una de las tradiciones decembrinas más esperadas en el sureste mexicano es el canto de “La rama”. Esta festividad consiste en una procesión de niños y jóvenes que recorren las calles cantando la famosa canción.

El cortejo inicia cortando una rama grande de un árbol, la cual se adorna con esferas y se cubre con cadenas de papel de colores, globos y, en ocasiones, luces.

Los niños recorren las calles con la rama como estandarte; su canto llena las calles de alegría, porque estas fechas son de fiesta y armonía; sus cantos son acompañados por instrumentos tradicionales de la región, como el arpa y la jarana.

La procesión de la rama es una de las tradiciones más antiguas del país; en el solsticio de invierno, estaba dedicada al nacimiento de Huitzilopochtli (Colibrí del Sur). Durante esta festividad se realizaban figuras de masa de amaranto y maíz azul con miel del maguey, las cuales se ofrendaban (regalaban) entre hombres y mujeres, quienes vestían para esta festividad sus mejores atavíos.

La rama seca de huizache se pintaba de blanco con cal y se decoraba con banderitas, cadenas y escarolas hechas con papel amate de colores; también se le colocaba paxtle (heno); con el maíz tostado (comúnmente conocido como palomitas) se creaban guirnaldas, y en la parte superior se colocaba un colibrí, en honor a la deidad.

Actualmente la rama navideña anuncia el nacimiento del niño Dios; por eso inicia en la primera posada (16 de diciembre) y hay personas que lo realizan hasta la navidad, aunque el ciclo se cierra hasta el Día de los Reyes Magos.

En la península de Yucatán es una tradición viva. Todavía vemos en las calles a niños que van casa por casa cantando los versos de esta canción navideña, en espera de ser recompensados con un aguinaldo.

Los niños se organizan e inicia la serenata, recitando de forma armónica y con mucha devoción y respeto:

“Me paro en la puerta, me quito el sombrero,

porque en esta casa vive un caballero.

Vive un caballero, vive un general,

y nos da permiso para comenzar.

Naranjas y limas, limas y limones…”

Si el esfuerzo de los niños es recompensado con unas monedas, el canto concluye:

“…ya se va la rama, muy agradecida,

porque en esta casa fue bien recibida”.

En cambio, si no se recibe el premio esperado, los niños se retiran cantando:

“…ya se va la rama, muy desconsolada,

porque en esta casa no le dieron nada”.

Los niños juegan, cantan y se organizan, mientras nuestras tradiciones continúan prosperando y fortaleciendo, como el árbol de donde salió esa hermosa rama adornada.

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