Los beneficios de las intervenciones estéticas en los espacios públicos

Redacción ANCOP

Por: Fernando Silva


Específicos razonamientos teóricos-académicos-prácticos facultan a cualquier persona para observar y atender las fases de los fundamentos y el pragmatismo de las expresiones estéticas plásticas (esculturas, pinturas, murales, grafitis, instalaciones Trash Art, Arte Povera, Street Art…) que podemos contemplar en un sinnúmero de relevantes e icónicos espacios públicos. Son piezas que legitiman su significativo papel artístico-cultural y, por ende, son dignos acervos y considerables patrimonios ético-sociales que a partir de la percepción, el reconocimiento y la estimación del máximo grado en su composición, formas, colores, líneas y temas complacen esencialmente a la vista y, con ello, le dan sentido a nuestra deliberación; brindan vigor a los sitios en donde están expuestas, así como a la virtud que alienta y refuerza el pundonor de la gente hacia el bien común, generando la valoración y el fortalecimiento del vital conocimiento que se basa en la concepción integradora de dignos valores humanos.


En tal sentido y en términos de su valor educativo y formativo, es preciso asentar con razonamiento y conocimiento desde los hogares, las instituciones académicas y en los espacios públicos de expresión y de apropiación social como: Museos, casas de cultura, teatros, galerías, bibliotecas y al complejo de lugares destinados a mantener actividades que promueven la cultura entre sus habitantes, la dimensión que tienen las disciplinas humanísticas que estudian lo bello, así como los fundamentos filosóficos de las bellas artes para potenciar la sana convivencia, el desarrollo cultural, físico y de la recreación de la gente. Para ello, es importante considerar la magnitud que concentran la planificación urbana, la arquitectura, el diseño del espacio público y, primordialmente, las creaciones y la serie de conceptos encaminados a exponer los argumentos a pari de cada uno de los autores de las artes estéticas.


Tener presente que estos espacios son lugares libres para la expresión social y como plataforma de transformaciones, incluso, políticas. Desde las marchas en defensa de los derechos humanos y contra todas las formas de discriminación racial y de género, hasta las manifestaciones para hacer lo conducente legítimamente a los fines laborales. Históricamente, los espacios públicos se han utilizado como importantes puntos de encuentro para la transición hacia mejores condiciones en la calidad humana de las personas. Obviamente, aunque todavía hay que «salir a la calle» para hacernos oír y ser vistos, finalmente estamos en el centro de atención cuando nos informamos y organizamos con la intención de que nuestros derechos sean respetados, arrojando nueva luz sobre el importante papel en la construcción de la identidad y la pertenencia colectiva, así como el rescate de trascendentales centros de reunión para el diálogo y el entendimiento de toda sociedad que hace respetar sus justos valores en pro de estimar el mérito de los creadores plásticos, la dignidad, la conciencia, el afecto mutuo, la no violencia, la libertad de pensamiento y de expresión, así como la definición de ideas que permiten el sano y equilibrado progreso de todos. Este escenario provoca que los temas que se tratan sean tornadizos: Derechos humanos, homofobia, pobreza, hambruna, cambio climático, la relación de la sociedad con las nuevas tecnologías, consumismo, racismo, crisis económicas...


De hecho, el propósito del espacio público nace de la necesidad humana inherente de vincularnos con el resto de manera generosa, ya que es una cualidad de la democracia, lo que se traduce especialmente en la forma en que nos relacionamos con la naturaleza y todos los ecosistemas. Esto nos recuerda que somos parte de la evolución del planeta Tierra y de un esfuerzo fusionado que nos debe brindar estabilidad, paz y entendimiento, para ser seres con un potencial de raciocinio y de desarrollo sin límites, en lugar de ser vulgares sujetos que se destrozan a la menor provocación y sin el menor sentido de responsabilidad.


En ese entendido, los espacios públicos no son simplemente reflejos del tejido social, sino que son un retrato de las influencias culturales, económicas y políticas que construimos las sociedades, por lo tanto, suelen estructurarse para cumplir cierto tipo de normas, pero somos todos los que a través del uso rutinario vamos dándole su verdadera función y construyendo su significado, por cuanto esto contribuye a proporcionar un carácter al paisaje urbanístico desde la apropiación que cada uno hacemos de estos. Desde esta perspectiva, hacer una aproximación al estudio de las prácticas sociales que se disponen en estos sitios, permite observar y disfrutar el papel que cumplen los elementos espaciales que facilitan las relaciones transactivas con los distintos elementos artísticos y las personas que allí se encuentran, a fin de sentirse parte de una comunidad al entrar en contacto con otros y asociarse para buscar el reconocimiento, hacer sentir la protesta, disfrutar del entorno y de las distintas expresiones culturales que se suelen situar en estos excepcionales lugares.


Entonces, para comprender de mejor manera las intervenciones artísticas, es conveniente conocer los motivos que nos lleva a los creadores al embellecer las calles, las plazas, los parques, las paredes, los edificios... En términos genéricos, se destaca el deseo de subvertir, modificar el orden establecido en los espacios públicos y, especialmente, el otorgar un sentido estético-reflexivo a estos sitios que frecuentan los habitantes de cada país, de forma específica, seria y firme de lo que la gente puede llegar a imaginar, la mayoría de los creadores utilizamos esos espacios como un medio de expresión que no pase desapercibido e impedir que lo cotidiano se convierta en monotonía, así como el incitar a la gente a que emita —por contagio— un juicio o una sublime opinión y que no permanezca silenciada por fuerzas que la han mantenido ajena a su libertad de apreciar y de inspirarse, con la intención de que pueda hacer algo que le brinde mayor dignidad, libertad emocional y de entendimiento en pro de causas justas que defienden el bienestar común y el respeto por todo ser viviente.


Como epílogo, el arte público es un recurso creativo de comunicación global, un laboratorio de expresión y un instrumento de denuncia universal que pretende imponerse al control de las calles y a la politización de las mismas. Se ha convertido en un transmisor de información, llegando a recordar, a la función más pura, que en sus orígenes desempeñaban los medios de comunicación como «azote» de las clases dominantes y políticas. Por consiguiente, no es la voz de unos pocos, sino una plataforma de realidad social. Las bellas artes han sido utilizadas como un mecanismo para conocer las culturas pasadas e inmortalizar acontecimientos puntuales, pero mayormente es un medidor pulsar de la posición cultural en cada sociedad.

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