Mujeres, las más afectadas por el cambio climático

Redacción ANCOP

La activista samoana Brianna Fruean compartió protagonismo en la sesión plenaria de la COP26 con Little Amal, una marioneta gigante que representa a una niña refugiada siria / Noticias ONU / Laura Quinones


Mujeres de todo el orbe tomaron el estrado de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) para denunciar que el calentamiento global no es neutral en cuanto al género. Por ejemplo, el 80 por ciento de los desplazados por desastres relacionados con el clima son mujeres.


La lucha contra el cambio climático las necesita, especialmente cuando hoy se supo que los compromisos anunciados hasta ahora en la COP26 son tan mínimos que el planeta sigue camino de la catástrofe.


Después de caminar casi 1,300 kilómetros por toda Europa, Little Amal, una marioneta gigante que representa a una joven refugiada siria, llegó a Glasgow justo a tiempo para el Día de la Mujer en la COP26. La obra de arte viviente, de 3.5 metros de altura, sorprendió a los asistentes de la sesión plenaria del martes cuando subió las escaleras y se unió a la activista climática samoana Brianna Fruean, se abrazaron e intercambiaron regalos. Brianna le dio una flor, que representa la esperanza y luz, y Amal una bolsa de semillas. "Ambas nos embarcamos en un viaje para llegar aquí desde dos lugares muy diferentes, pero estamos conectadas por el hecho común de que vivimos en un mundo roto, que ha marginado sistemáticamente a las mujeres y a las niñas, y especialmente a las mujeres y a las niñas de las comunidades vulnerables", señaló Fruean. La joven activista recordó que el peso de la emergencia climática, que amplifica las desigualdades existentes, suele afectar más a las mujeres. "Amal trajo semillas para compartir físicamente, para inspirar; las semillas representan la esperanza. Lo bonito de las semillas es que hay que ser lo suficientemente desinteresado para contentarse con el hecho de no comer el fruto o no tener las flores, pero sentir que ha valido la pena, sabiendo que tus hijos vivirán con su belleza", añadió usando las semillas como metáfora de las decisiones que se están tomando en la COP26 para el futuro del planeta. Fruean destacó que las semillas necesitan ser cultivadas y nutridas con agua para dar frutos y flores, e invitó a los delegados a mantener su trabajo después de la conferencia. "Plantaré estas semillas cuando los ministros estén preparados. Espero que en las negociaciones y en las salas sean capaces de plantarlas y que, cuando salgamos de la COP, las cuiden para que crezcan y se conviertan en el mundo hermoso que se merecen niñas como Amal, uno donde todas las niñas estén seguras".



Las sequías cada vez más agudas en Somalia han provocado el desplazamiento de la población, lo que ha socavado la seguridad alimentaria y ha dejado a las mujeres expuestas a la explotación sexual. OIM / Celeste Hibbert


La relación entre la igualdad de género y la crisis climática


Alok Sharma, presidente de la Conferencia, intervino brevemente, bajo la atenta mirada de la pequeña Amal y Brianna Fruean: "Hoy es el día del género, porque el género y el clima están profundamente entrelazados. El impacto del cambio climático afecta a las mujeres y a las niñas de forma desproporcionada" e instó a empoderar y apoyar a las mujeres.


La pequeña Amal y las niñas sirias a las que representa, no están solas en su tragedia: el 80 por ciento de las personas desplazadas por desastres y cambios relacionados con el clima en todo el mundo son mujeres y niñas.


Desde tiempos ancestrales, las mujeres han tenido una relación especial con la naturaleza. Su contribución al bienestar y al desarrollo sostenible de sus comunidades es enorme, así como al mantenimiento de los ecosistemas, la diversidad biológica y los recursos naturales del planeta.


Las mujeres de los países en desarrollo suelen ser las primeras en responder a la gestión del capital medioambiental que las rodea. Desde la recogida de agua para cocinar y limpiar, el uso de la tierra para pastorear el ganado, a la búsqueda de alimentos en ríos y arrecifes, y la recogida de leña, las mujeres de todo el planeta utilizan e interactúan a diario con los recursos naturales y los ecosistemas.


Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y otras agencias de la ONU, también son las primeras en sentir los efectos del cambio climático cuando tienen que recorrer distancias cada vez más largas para encontrar lo que necesitan para alimentar a sus familias.


Aunque la degradación del medio ambiente tiene graves consecuencias para todos los seres humanos, afecta especialmente a los sectores más vulnerables de la sociedad, principalmente a las mujeres, cuya salud es más frágil durante el embarazo y la maternidad.


"A pesar de todo, el reconocimiento de lo que las mujeres aportan o pueden aportar a la supervivencia del planeta y al desarrollo sigue siendo limitado. La desigualdad de género y la exclusión social no hacen más que aumentar los efectos negativos de una gestión medioambiental insostenible y destructiva para las mujeres y las niñas.


La persistencia de normas sociales y culturales discriminatorias, como el acceso desigual a la tierra, al agua y otros recursos, así como la falta de participación de las mujeres en las decisiones relativas a la planificación y la gestión de la naturaleza, hacen que a menudo se ignoren las enormes contribuciones que pueden hacer".


Agricultoras llevan su cosecha de arroz en bicicleta en Huế, Vietnam. PNUD / Ho Ngoc Son


Una cuestión de “justicia”


"Abordar el rápido cambio climático es una cuestión de justicia e igualdad con los más vulnerables y afectados, incluidas las comunidades indígenas, los países menos desarrollados y nuestro centro de atención hoy y todos los días: las mujeres", dijo la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, a los delegados de la COP26 en otra de las sesiones plenarias.


Pelosi anunció que para finales de año tienen previsto aprobar una legislación para duplicar el financiamiento internacional del clima. "Reconstruir mejor con las mujeres", añadió al dirigirse a las mujeres miembros de su delegación. Una de ellas era Alexandra Ocasio Cortez, conocida por ser la mujer más joven en el Congreso de los Estados Unidos y por su militancia en la lucha contra el cambio climático.


Desde Guyana hasta el Ártico, el cambio climático afecta a las mujeres


Immaculata Casimero, activista indígena de la nación Wapichan en Guyana, sabe mejor que nadie cómo el cambio climático afecta a las mujeres, y trabaja para empoderarse en su comunidad.


"Hacemos cursos de formación porque nos gustaría ver a más mujeres líderes. En las comunidades locales, la mayoría de las veces sólo hay hombres. Es el patriarcado y eso es algo que hay que derribar. Podemos liderar mejor que los hombres, lideramos en nuestros hogares, criamos a los niños. Toda la humanidad existe gracias a nosotras".


Casimero resaltó también que las mujeres indígenas, como transmisoras de los conocimientos tradicionales a las nuevas generaciones, tienen un papel extremadamente importante en la lucha contra el cambio climático.


La crisis, que ya afecta a su comunidad de origen, se cobró este año varias hectáreas de cultivos de yuca, su principal fuente de ingresos, debido a las fuertes e inesperadas lluvias, lo cual provocó también inseguridad alimentaria.


"El sol calienta mucho más que antes y nuestra gente no sabe cómo adaptarse, porque cuando se supone que hay lluvia, hay sol, y cuando se supone que hay sol, hay lluvia. Todo el sistema de cultivo y agricultura se ve alterado por el cambio climático y no tenemos otros recursos de los cuales depender", continuó.


Al otro lado del mundo, el pueblo sami, un pueblo indígena ugrofinés que habita la región de Sapmi, que hoy abarca amplias zonas del norte de Noruega, Suecia y Finlandia, también sufre los efectos de la crisis climática.


"El cambio climático en el Ártico está ocurriendo muy rápido. El tiempo cambia y es muy inestable; nuestros inviernos son inestables, el hielo no se congela cuando debe hacerlo. Todo nuestro conocimiento tradicional sobre cómo gestionar el paisaje también está cambiando", describió la joven activista Maja Kristine Jama desde el pabellón indígena de la COP26.


Su amiga, Elle Ravdna Nakkakajarvi, tuvo unas palabras para los líderes mundiales que asistían a la conferencia: "Escúchennos de verdad, no digan que nos van a escuchar; no hagan promesas vacías, porque somos nosotras quienes sufrimos el cambio climático en nuestros cuerpos y tenemos el conocimiento sobre las tierras y las aguas de nuestras zonas y podemos aportar soluciones. Merecemos que nos escuchen".


Immaculata Casimero, de la nación wapichan en Guyana, es una líder indígena que trabaja en el empoderamiento de las mujeres en su comunidad. Noticias ONU / Laura Quinones


La ciencia lo confirma: no hacemos lo suficiente


Hoy también se celebró el Día de la Ciencia en la COP26 y el PNUMA presentó un análisis de su último “Informe sobre la brecha de emisiones” teniendo en cuenta las últimas promesas hechas desde que comenzó la conferencia.


"No estamos haciendo lo suficiente; no estamos donde tenemos que estar y tenemos que dar un paso en firme con muchas más medidas, con urgencia y con más ambición (...) también hay una brecha de liderazgo que debemos cerrar antes de que concluya la COP26", destacó la directora del PNUMA, Inger Andersen.


El informe señalaba originalmente que, con los actuales planes nacionales y compromisos, el mundo estaba camino de reducir alrededor del 7.8 por ciento de las emisiones anuales de efecto invernadero en 2030, una brecha enorme respecto del 55 por ciento necesario para frenar el calentamiento global a 1.5 grados centígrados.


"Cuando revisamos lo que hemos conseguido, es como un elefante dando a luz a un ratón. Tenemos que pensar si eso es suficiente o si podemos estirar más", indicó al referirse a la actualización de los planes nacionales y los compromisos, que solo conseguirán que el mundo reduzca el 8 por ciento de las emisiones para el final de la década.


"Es muy bueno ver que los países asumen esto y las conversaciones que no se habían dado hasta este punto en París, pero no es bueno ver que las promesas son vagas en general y poco transparentes; algunas tratan sólo los gases de efecto invernadero; otras, sólo los de carbono(...) son difíciles de calcular y contabilizar. Y, por supuesto, muchos de éstos se quedan en el tintero más allá de 2030", añadió Andersen.




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