Una causa del éxito electoral del populismo


Por Omar Garfias @Omargarfias


En México, los más ricos -el 10 por ciento de los mexicanos con mayores ingresos- se han quedado, desde 1860, con entre el 55 a 60 por ciento del total de los ingresos.


A su vez, la mitad de los mexicanos, el 50 por ciento que menos gana, se ha mantenido constante en alrededor del 8 a 10 por ciento del total, lo que convierte a México en uno de los países más desiguales del mundo.


Así lo asienta el Reporte de la Desigualdad en el Mundo (World Inequality Report 2022), recién publicado con prólogo de los premios Nobel de Economía Duflo y Banerjee.


Subrayo: nuestro país no es de los más pobres, sino de los más desiguales. Esto es, donde lo producido se reparte más inequitativamente.


A diferencia de las grandes economías europeas, asiáticas y norteamericanas, los datos disponibles sugieren que en México no sucedió una fuerte reducción de la desigualdad durante el siglo XX. De hecho, la desigualdad de ingresos en México ha sido extrema a lo largo de los siglos pasados y presentes.


Una lección es que repartir más igualitariamente es factor de crecimiento económico. Así, las élites económicas no obtienen su ganancia de quedarse con una parte mayor sino de invertir mejor y aumentar la productividad.


En las sociedades igualitarias, las élites alcanzan sus metas de riqueza e ingresos mediante la eficacia productiva y la innovación.


Otra dimensión de la desigualdad es la riqueza: los bienes, capital y propiedades con que cuentan las personas. El estudio mencionado indica que la riqueza promedio de los hogares en México asciende a 834 mil pesos.


La mitad más pobre de los mexicanos no tiene nada: su riqueza neta es negativa, lo que significa que este grupo tiene en promedio más deudas que activos.


Eso está en marcado contraste con el 10 por ciento superior de la población, que posee en promedio 6 millones 561 mil 490 pesos, 62 por ciento del total.


La desigualdad por ingresos y por riqueza es un problema mundial.


El 10 por ciento más rico de la población mundial recibe actualmente el 52 por ciento del ingreso, mientras que la mitad más pobre de la población gana el 8.5 por ciento.


Las desigualdades mundiales de riqueza son incluso más pronunciadas que las desigualdades de ingresos. La mitad más pobre de la población mundial apenas posee el 2 por ciento del total de la riqueza. En contraste, el 10 por ciento más rico de la población mundial posee el 76 por ciento de toda la riqueza.


Tenga en cuenta que los principales poseedores de riqueza no son necesariamente los principales poseedores de ingresos.


La desigualdad varía significativamente entre la región más igualitaria (Europa) y la más desigual (Oriente Medio y África del Norte (MENA)). En Europa, el 10 por ciento de los ingresos más altos se sitúa en torno al 36 por ciento, mientras que en MENA alcanza el 58 por ciento.


La desigualdad es resultado de la política, no es un hecho inevitable.


Las desigualdades de ingresos y riqueza han ido en aumento en casi todas partes desde la década de 1980.


El aumento no ha sido uniforme: algunos países han experimentado incrementos espectaculares de la desigualdad (incluidos EEUU, Rusia e India), mientras que otros (naciones europeas y China) han experimentado aumentos relativamente menores. Estas diferencias confirman que la desigualdad no es inevitable, es un resultado de la política.


Si bien la desigualdad ha aumentado en la mayoría de los países, durante las últimas dos décadas, las desigualdades globales entre países han disminuido.


La desigualdad global entre el ingreso promedio del 10 por ciento superior y el ingreso promedio del 50 por ciento inferior, se duplicó con creces entre 1820 y 1910, de menos de 20 a aproximadamente 40, y se estabilizó alrededor de 40 entre 1910 y 2020.


Es demasiado pronto para decir si continuará la disminución de la desigualdad global observada desde 2008.


En otras palabras, aún queda un largo camino por recorrer para deshacer las desigualdades económicas globales heredadas de la alta desigualdad en la organización de la producción mundial entre mediados del siglo XIX y mediados del XX.


Las revoluciones industriales y tecnológicas han permitido producir más. La cantidad y la calidad de los productos que llegan a los hogares es mayor, pero la proporción que se lleva cada familia es muy diferente.


Las desigualdades de riqueza han aumentado en la parte superior de la distribución.


Desde 1995, la participación de la riqueza mundial propiedad del 0.01 por ciento más rico creció del 7 al 11 por ciento.


La participación de la riqueza en manos de multimillonarios también se disparó durante este período (del 1 al 3 por ciento) y este aumento se exacerbó durante la pandemia de COVID. De hecho, 2020 marcó el aumento más pronunciado registrado en la participación de los multimillonarios en la riqueza del mundo.


En este escenario, construir políticas que igualen sin destruir es complejo.


Construir discursos de rencor, es muy fácil.

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